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Una voz en la tormenta, el legado en nuestra historia
5 septiembre, 2026

Una voz en la tormenta, el legado en nuestra historia

Maria Victoria Gomez de Erice la ternura pedagógica

El pasado 21 de febrero de 2026, a los 85 años, nos dejó María Victoria Gómez de Erice. Para la comunidad académica y para Mendoza, no es una pérdida más; se fue la mujer que tuvo el honor de ser la primera rectora elegida por la propia comunidad de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO). Su gestión, entre 2002 y 2008, quedó grabada en la historia como un sinónimo de trabajo incansable, defensa de la educación pública y un compromiso social absoluto.

Nació el 29 de septiembre de 1940. Se formó en su querida UNCUYO como Profesora de Lengua y Literatura (con especialidad en Francés) y más tarde viajó a Francia para doctorarse en Letras con especialidad en Semiótica por la Universidad París VIII.

Pero más allá de los títulos, lo que la definía era su madera humana. Su alma de docente y su fuerza que se despertaron muy tempranocon apenas 8 años se hizo cargo del cuidado de su hermana «La Piqui». Desde entonces, se convirtió en un apoyo incondicional para cualquiera que se cruzara en su camino. Quienes trabajaron con ella recuerdan su coherencia total, pensaba, decía y hacía en una misma dirección. No conocía las horas de descanso y tenía una tremenda capacidad de negociación, una virtud que, según contaba con humor, aprendió de niña para superar un riguroso castigo de su padre.

Su vida estuvo marcada por el dolor, pero sobre todo por la valentía. Sufrió en carne propia la desaparición forzada de su hermano durante la última dictadura militar. Lejos de esconderse por miedo a las represalias o de hundirse en el lamento, María Victoria actuó. Movió cielo y tierra, llegando a pedir ayuda internacional al Papa Juan Pablo II, y años más tarde no dudó en poner el cuerpo y declarar como testigo en los juicios de lesa humanidad. Militante radical y reformista de pura cepa, se convirtió en un faro ético en estos tiempos modernos donde todo parece ser inmediato y superficial.

Para ella, la universidad no podía vivir encerrada en cuatro paredes; tenía que salir a la calle y resolver los problemas de la gente. Si hacía falta defender el presupuesto universitario, los derechos humanos o el patrimonio, ella mostraba su apoyo.

De su gestión nacieron dos hitos que cambiaron a Mendoza

Creó el programa de territorialización para llevar las carreras de la UNCUYO a los departamentos más alejados. Su meta era hermosa y simple, evitar el desarraigo de los jóvenes y demostrar que el sistema público podía expandirse sin necesidad de crear nuevas estructuras políticas.

En 2003, motivada por el pedido justo de la Facultad de Medicina se aboco  en comprar y recuperar el viejo Policlínico Ferroviario. Su idea era altruista, crear un hospital escuela enfocado en la atención integral y la rehabilitación de la discapacidad, siguiendo el modelo de los grandes hospitales de la UBA o de Córdoba. Consiguió el edificio, lo puso en marcha y, en un acto de estricta justicia, desde noviembre de 2023 ese hospital lleva su nombre.

María Victoria nos enseñó que la forma de existir en los demás es a través de las obras que dejamos. En los momentos de crisis profunda, cuando el desánimo ganaba los pasillos, ella siempre traía esperanza. Les decía a sus pares que las crisis eran solo etapas y el concepto que ella tenía arraigado por su experiencia de vida “Ya parará la tormenta. No importa cuándo, solo saber que va a parar nos debe guiar para seguir haciendo».

Se fue una mujer inmensa, pero nos queda su ejemplo para aprender a capear cualquier temporal.

Hoy, su nombre se prepara para quedar grabado no solo en la memoria de quienes la conocieron, sino también en las calles que transitamos. María Victoria ha sido incluida en un proyecto de ordenanza de la Municipalidad de Las Heras para nombrar una calle o espacio público en su honor.

Se fue una mujer inmensa, pero su huella queda marcada en las aulas, en la salud pública y, muy pronto, en la identidad de nuestra comunidad.

Mantener viva su memoria es un acto de justicia. Por eso, celebramos que María Victoria esté incluida en el proyecto de ordenanza.