Capitulo 4 El plan de San Martín en Inglaterra
Don José de San Martín siempre se propuso campañas importantes. En su exilio, su gran meta fue construir una vida placentera y digna para su única hija. Por eso, a partir de su reencuentro en diciembre de 1823, no la dejó sola nunca más.
El primer objetivo fue la educación de la niña, razón por la cual recurrió a diversos consejos para elegir el mejor lugar. La recomendación definitiva vino de parte de su amigo, el médico Diego Paroissien, y del matrimonio inglés compuesto por Frances y Peter Heywood. Ellos sugirieron el Hampstead College (o pensionado de Hampstead), un establecimiento privado de la época georgiana y victoriana temprana. Merceditas ingresó bajo la modalidad de alumna pupila e internada, y permaneció allí durante aproximadamente dos años, entre 1824 y 1826.
El objetivo principal de San Martín era corregir la actitud mimada de la niña, ya que consideraba que el estricto régimen británico ayudaría a moldear su carácter. La educación de Mercedes quedó bajo la tutoría y supervisión directa de Frances Simpson (esposa de Heywood), quien vigilaba su bienestar durante las ausencias del Libertador. Cabe recordar que este amigo inglés de Don José, el Comodoro Peter Heywood, era un marino británico sobreviviente de la horca, cuya amistad con el prócer argentino nació en el propio frente de batalla. Entre septiembre de 1812 y julio de 1813, la Corona británica envió a Heywood al Río de la Plata al mando de la fragata HMS Nereus para monitorear el proceso revolucionario y resguardar el comercio inglés.
Heywood estuvo presente en la zona durante el histórico Combate de San Lorenzo en febrero de 1813, donde quedó fuertemente impresionado por las capacidades tácticas, la hidalguía y la seriedad militar de Don José. Ambos militares compartían una visión ilustrada del mundo, y la confianza mutua se selló en las tertulias políticas y diplomáticas en Buenos Aires, antes de que San Martín partiera a organizar el Ejército de los Andes. Este trasfondo demuestra la enorme confianza que el general tenía en esa familia, basada en una profunda admiración mutua.
Respecto a los estudios de la infanta, en el colegio aprendió inglés a la perfección, lo cual fue la prioridad absoluta para que pudiera adaptarse rápidamente a la vida en el Reino Unido. Además, recibió formación en buenos modales, literatura, arte y las disciplinas sociales consideradas esenciales para las jóvenes de la alta sociedad de la época. Mercedes tomó intensas lecciones de piano y arpa, disciplinas clave para el refinamiento social de ese siglo. Asimismo, aprendió técnicas artísticas clásicas (una de las materias donde demostró mayor destreza), conocimientos generales enfocados en la cultura europea, labores de costura, bordado y manualidades finas.
El registro epistolar de aquella época refleja un enorme asombro por el rápido cambio de conducta de Merceditas y sus brillantes progresos. Miss Julie, la directora del internado, enviaba cartas al General mientras este residía en Bruselas. Sus reportes destacaban que la niña se había adaptado con una rapidez asombrosa a la cultura inglesa, a pesar de haber llegado sin hablar una sola palabra del idioma. También señalaba que mostraba un comportamiento ejemplar y dócil, lo que significaba un giro radical para San Martín, quien la había internado justamente para corregir los caprichos y el carácter difícil que traía desde Buenos Aires. Asimismo, la directora elogiaba d su notable talento para la música y el dibujo.
Por otra parte, las cartas de Frances Simpson (esposa del comodoro Heywood), quien asumió el papel de madre sustituta para la pequeña, informaban siempre sobre la salud y el estado de ánimo de la niña. A Frances le sorprendía gratamente que la rigurosa disciplina del colegio no angustiara a Mercedes, sino que la estuviera modelando como una verdadera señorita educada.
El propio Libertador dejó plasmado en sus cartas el orgullo que sentía por su hija. Sus respuestas a amigos del Viejo Continente, como Bernardo O’Higgins o el conde escocés James Duff, demuestran cuánto lo conmovían estos reportes. En una famosa carta a O’Higgins, San Martín confesó que el cambio de su hija había superado todas las expectativas: «Los progresos de mi Mercedes son rápidos; habla el inglés como su propia lengua, y la música y el dibujo ocupan su tiempo». En estos escritos, el prócer expresaba con alivio que la inversión económica ,la cual le resultaba sumamente pesada en el exilio, pero que valía cada centavo invertido al ver a su hija finalmente libre de los engreimientos del pasado.
“Con su pronta predisposición,
el alma le palpita
para hacer feliz a su tatita,
por el mucho amor que le profesa.
Él pone todo su esfuerzo con nobleza
para convertirla en una mujer honorable
esa es su mayor promesa.
Este lazo tan sagrado para Mercedes
es el motor que la impulsa a crecer:
Orgullo de San Martin por el progreso y el saber”